¿Que 25 años no es nada?


En el año de su 25 aniversario, AUGC tiene más fuerza que nunca, desde el pleno convencimiento de que la siguiente década contará cómo los guardias civiles conquistarán el pleno derecho a la sindicación que tanto merecemos y que durante tanto tiempo se nos está negando para que un guardia civil sea ese miembro de un cuerpo policial moderno y democrático que presta servicio en igualdad de condiciones con cualquier otra policía de nuestro país o de Europa.


29/07/2019
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Manifestación del 14 de noviembre de 2015, donde AUGC reunió a más de 12.000 guardias civiles en torno a la Dirección General de la Guardia Civil. Manifestación del 14 de noviembre de 2015, donde AUGC reunió a más de 12.000 guardias civiles en torno a la Dirección General de la Guardia Civil.

Dice el célebre tango que veinte años no es nada. No seré yo quien le discuta al gran Carlos Gardel, aunque sí me atreveré a introducir en la reflexión un importante matiz: porque veinte, y en este caso veinticinco años, sí pueden ser mucho, muchísimo, cuando hablamos de la lucha por los derechos de un colectivo de trabajadores tan singular como la Guardia Civil.

Y es que ahora, cuando la Asociación Unificada de Guardias Civiles cumple sus primeros 25 años de vida, resulta inevitable echar la vista atrás y recorrer con la memoria el camino andado desde entonces, que si bien ha sido largo y lleno de avances, todavía está lejos del que  paralelamente ha transitado el conjunto de la sociedad española.

Porque la transición democrática española, siendo buena, no fue perfecta.  Y así, a día de hoy, mantiene zonas de sombra que no podemos seguir tolerando por más tiempo. Se excluyó de aquella revolución social a los guardias civiles, dejándonos como ciudadanos de segunda. Precisamente España, que miró a Alemania como espejo para redactar nuestra Carta Magna durante el proceso constituyente, no tuvo en cuanta la teoría del ciudadano de uniforme, por la que a los servidores públicos, como los guardias civiles, se les puede limitar ciertos derechos pero en ningún caso se les puede vaciar, excluir, o exceptuar derechos fundamentales.

Así, los guardias civiles no podían quedarse ajenos a la convulsión social de la época. Los derechos fundamentales son inalienables, y de una manera u otra el ser humano los busca. De este modo, a lo largo de los años ochenta comienza a organizarse el Sindicato Unificado de Guardias Civiles (SUGC) de manera simultánea en varios focos: Madrid, Sevilla, Valencia, Asturias, País Vasco, Cataluña, Extremadura…

La respuesta desde la Guardia Civil a este movimiento es represión, apertura de expedientes, expulsiones, encarcelamientos y hasta ingresos en centros psiquiátricos. En plenos años de plomo y de lucha antiterrorista se dedican recursos del servicio de información a perseguir a los sindicalistas en el Cuerpo a través de la infame Operación Columna.

Tras ese terrible periodo, por fin el 26 de julio de 1994 los guardias civiles dejan de vivir en la oscuridad. La Audiencia Nacional se pronuncia bajo una sentencia demoledora y se legaliza la asociación 6J. Pocas fechas después se reconoce también a COPROPER. Ambas entidades se fusionarían posteriormente en COPROPER 6J, que iniciaría una incansable lucha en los tribunales hasta configurar lo que hoy es AUGC, que oficializa su nueva denominación en 1998 tras un cambio. Un año más tarde, en 1995 el sargento José Morata es expulsado de la Guardia Civil mediante expediente disciplinario, en un proceso sin garantías democráticas. Aún hoy seguimos esperando que la instituciones de este país le reconozcan todo lo que hizo por mejorar la Guardia Civil.

Mientras que en España se sigue avanzando hacia una sociedad cada vez más abierta y tolerante la Guardia Civil continúa cerrada hacia cualquier paso en favor de la democratización y transparencia como institución. AUGC sigue luchando para cambiar esta situación.

Hasta el 20 de enero de 2007, momento que será siempre recordado como el día que los guardias civiles perdieron el miedo. La Asociación Unificada de Guardias Civiles convocó en la Plaza Mayor de Madrid una concentración de guardias civiles de uniforme, con el objetivo marcado de intentar alcanzar un centenar de participantes, veinte representantes de AUGC se subían de uniforme al atril. Pero algo sorprendente ocurrió, las comunicaciones enviadas desde la DGGC a las unidades avisando de las consecuencias a quienes participaran en dicho acto no surtieron efecto: los guardias civiles habían perdido el miedo, y poco a poco comenzaron a llegar por todos los accesos de la Plaza Mayor guardias civiles de uniforme.

Al poco ya se habían superado las decenas, después el objetivo del centenar se vio superado por cientos y cientos, pero seguían llegando guardias civiles, hasta que la Plaza Mayor deslumbraba del brillo acharolado de los tricornios. Eran miles los guardias civiles que clamaban democracia y transformaciones en la Guardia Civil, en concreto 3.000.

¿Y como reaccionó el poder? Pues con represión. De nuevo expedientes, amenazas de expulsión, de procesos en los tribunales togados militares, de nuevo consecuencias para los nuestros: quien por entonces era secretario general de AUGC,  Joan Miquel Perpinyá y quien le precediera, Fernando Carrillo, se encuentran a día de hoy retirados de la Guardia Civil por un proceso de baja médica como consecuencia de aquello.

Pero la valentía da resultados, y tras la concentración en la Plaza Mayor se aprueba la Ley Orgánica 11/2007, de 22 de octubre, reguladora de los derechos y deberes de los miembros de la Guardia Civil y Ley Orgánica 12/2007, de 22 de octubre, del régimen disciplinario de la Guardia Civil.

De este modo surge un nuevo sistema de relaciones laborales en la Guardia Civil, con la participación de los agentes sociales afectados.

Fue el momento en el que los guardias civiles comenzaron a alcanzar su dignidad.

Hoy, un cuarto de siglo después de su reconocimiento, AUGC tiene más fuerza que nunca, desde el pleno convencimiento de que la siguiente década contará cómo los guardias civiles conquistarán el pleno derecho a la sindicación que tanto merecemos y que durante tanto tiempo se nos está negando para que un guardia civil sea ese miembro de un cuerpo policial moderno y democrático que presta servicio en igualdad de condiciones con cualquier otra policía de nuestro país o de Europa.

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